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¿Por qué dejé de usar piratería?

En Latinoamérica no existe una cultura de lo legal. Si el policía no me ve, cruzo en rojo el semáforo. Es más fácil falsificar un documento que hacer la carrera. Y cuando hablo de una cultura no me refiero a sanciones. Porque castigando no se crea cultura, sino educando, dando el ejemplo, sembrando valores. Cosa que en Latinoamérica escasea.

Desde niño fui un lector asiduo. Leía a Julio Verne y a Alejandro Dumas a los 11 años y esa pasión me sigue hasta ahora, me la inculcó mi padre. Y el libro siempre fue parte de la experiencia: el papel, la encuadernación, el olor, el tacto (aunque me he convertido en un lector digital, no olvido la magia de leer en papel). Así que solo compraba libros originales, era pobre, pero muy feliz juntando de a poquitos para comprar un libro original y no la piratería que parecía fotocopiada, con textos borrosos y chuecos, paginas que se salían y tapas con cartón barato.

Por la misma razón me gustaba alquilar películas originales. Sí, en mis tiempos las películas se alquilaban (o ibas al cine). Las películas piratas eran grabadas en el cine junto con risas de los espectadores, conversaciones, gente que se ponía de pie para ir al baño. Una experiencia terrible. Había una tienda que alquilaba películas originales un poco más caro y me gustaba ir ahí. Nuevamente, no me sobraba el dinero, pero sentía que alquilar una película era para disfrutarla, no para tener una imagen y un sonido espantosos.

Así que mi gusto por lo original pasaba más por lo estético y por disfrutar la experiencia que por una cuestión moral o de principios. No porque no tenga principios, solo que no me lo había planteado desde ese enfoque.

Ahora bien, con los productos digitales como software o contenido la cosa era diferente. Un contenido digital pirata se veía y escuchaba igual de bien que uno original, un software pirata hace lo mismo que uno original. Cuando mi mamá compró la primera computadora que hubo en casa, el amigo que me ayudó a comprarla tenía muchos discos (muchísimos) y de ahí le instaló tantas cosas al equipo que quedé sorprendido y quería tener tantos discos como él con música, películas y software. Me decía “Este programa original cuesta miles de dólares y yo lo tengo”. Él cobraba a la gente para instalar esos programas y yo me quedaba maravillado, pues apenas sabía manejar una computadora.

En los colegios donde trabajaba llegaba alguien con una cartuchera llena de discos e instalaba los programas que le pidieran en toda la sala de cómputo. Trabajé también en empresas con un presupuesto suficiente para pagar sus licencias, pero también usaban piratería. Mi primer día de trabajo me dieron a escoger entre usar una laptop o un equipo de escritorio, escogí un equipo de escritorio y lo compraron. Una compañera escogió una laptop y la compraron. Pero a mí me instalaron software pirata. Entonces entendí que el problema no era de dinero, sino de cultura. Ellos ven el hardware, un teclado, una pantalla, una computadora, pero no ven el software entonces no sienten que deban pagar por algo que no ven sino que vive en un disco del cual pueden sacar miles de copias. Es irónico, porque igual le pagan un sueldo a quien cada cierto tiempo venía a formatear los equipos y a reinstalar todo pirata de nuevo. No quiero meterme en temas moralistas y decir que son tipos sin principios. No, simplemente es un tema cultural, y como digo, la cultura se forma. Pueden ser personas muy honestas y con principios muy correctos, pero en ese aspecto en particular su cultura es diferente porque así los formó la sociedad.

Una anécdota que lo cambió todo

Un día encontré un plugin para Photoshop que permitía guardar objetos (capas o grupos) en una biblioteca para luego arrastrar y soltar elementos de esa biblioteca en otros archivos. Era increíble, diseñar mockups era una de las cosas que más consumía mi tiempo y ese plugin me vendría de maravilla para diseñar una vez los elementos más comunes y poder reutilizarlos (hoy por hoy es una funcionalidad nativa de Photoshop). Como no podía ser de otro modo, busqué en Google una versión pirata de ese plugin. La busqué muchísimo, creo que estuve semanas en eso. Y no lo encontré. Pero ese plugin era un sueño hecho realidad para mí, aceleraría mi trabajo, entregaría proyectos más rápido, podría atender a más clientes. No quedaba otra, tenía que pagarlo. Pero no era ir a una tienda y decirle al señor del mostrador: “Deme ese plugin”. Necesitaba una tarjeta del banco (débito, no crédito), una tarjeta en dólares, luego ir a una casa de cambio, comprar dólares, depositarlos en esa cuenta y luego comprar mi plugin. Sí, toda una aventura, pero lo hice.

Esa anécdota cambió mi punto de vista, fue un completo cambio de chip. Lo único adicional que debia hacer era comprar dólares (porque el banco los cambia a un valor muy bajo) pero por lo demás era como comprar una camisa en la tienda o un kilo de arroz, pagaba una cantidad y me daban algo. Y lo mejor, original. Entendí que había alguien del otro lado que trabajó en eso y que era justo pagar por su trabajo.

Una vez un amigo me preguntó donde había descargado cierto programa que yo usaba para para automatizar tareas en Windows con atajos de teclado personalizados. Se quedó muy sorprendido cuando le dije que lo había comprado. Demoró en creerlo. Le expliqué que si eres albañil compras tus herramientas, no las robas. Que un fotográfo compra su cámara aunque sea costosa, juntando su dinero poco a poco.

Los nuevos modelos, las suscripciones, la nube, lo freemium

También ayudó la masificación de internet. Antes el software se compraba en tiendas, en cajas muy bonitas a precios altos. El plugin que compré fue una descarga por internet. Gran diferencia. Dos de las suites históricamente más pirateadas son Microsoft Office y Adobe Creative Cloud (o creative suite en aquellos tiempos). Ambas cambiaron a modelo de suscripción con precios asequibles y entonces por fin pude tener ambos originales. No solo originales, sino con actualizaciones y soporte. Tener Photoshop original, quizás el primer programa que aprendí a usar en una computadora, era impagable para mí hasta las suscripciones. No digo que si eres pobre está bien usar piratería (tuve unos cinco años de linuxero en los que solo usaba herramientas Open Source pero es tema para otro artículo), sino que los nuevos modelos son más fáciles de adquirir.

¿Por qué entonces ataqué a los piratas?

Cuando empecé a dar cursos por internet tenía la sospecha de que tarde o temprano me iban a piratear. Eso dependía de si mis cursos tenían éxito porque los piratas se interesan en lo que la gente quiere. Y un buen día sucedió. Los cursos de EDteam empezaron a aparecer en sitios de pirateria, primero uno, luego dos, luego tres, cuatro, era una epidemia. Pasé noches sin dormir, tuve un conflicto interno muy duro sobre qué hacer. Me estaban robando y tenía que hacer algo.

En este punto seguramente te estarás preguntando qué autoridad tiene alguien que ha usado piratería para quejarse de que le hagan lo mismo. Pues bien, hay una pequeña diferencia:

  • El que hace un negocio con la pirateria (gana dinero robando el trabajo de otras personas).
  • El que, por el motivo que sea, consume la piratería. Que puede ser hasta tu mamá cuando busca una película que quiere ver en internet y la descarga, sin tener idea de si es pirata o no.

Los primeros son gente nociva, ganan bien, viven bien a costa del trabajo de personas honestas, tienen sistemas organizados para robar y distribuir. Incluso se atreven a pedir dinero (como suscripciones o disfrazándolos de donaciones) a quienes los siguen. Yo jamás he hecho eso, nunca en mi vida he ganado dinero con el trabajo ajeno. Yo he trabajado muchas veces sin ganar nada, me han explotado, pagándome menos del mínimo y he aprendido a odiar eso. Estuve en el segundo grupo sí, por la cultura, porque cuando creces aprendes a comportarte como se comporta la sociedad que te rodea. Y superarlo no es fácil porque es ir contra corriente.

Y nuestra sociedad no solo consume piratería, también es racista, machista, xenófoba, pleitista y muchas cosas más. Y también arrastré por un tiempo algunos de esos defectos. Hasta que comprendí que hacía mal. Que era un estupido creyendo que una raza era superior o inferior a otra. Pero desde mis cinco años escuché que se burlaban de los apellidos serranos en el colegio y hasta los profesores se reían. Me costó quitarme esa estupidez de la cabeza pero finalmente lo logré. Porque hay una gran diferencia entre quien asumió una idea errónea por que así fue criado con quien hace un negocio con eso y vive de eso. Es como hacer un negocio con la homofobia o el machismo. Repugnante.

Entonces, estar en contra de la piratería no me hace una persona con doble moral o un hipócrita. Nunca he insultado al que consume piratería (sus razones tendrá) sino a quien hace un negocio con ella porque esta robando el trabajo ajeno. El siguiente artículo, de octubre de 2016, lo demuestra.

http://alvarofelipe.net/blog/opinion-y-personal-educacion/de-suenos-ladrones-y-educacion

El conocimiento se comparte

Un argumento común de los piratas de cursos es que el conocimiento debe compartirse. Estoy de acuerdo, por eso publico muchos tutoriales en internet completamente gratuitos.

El detalle que ellos no toman en cuenta es que el conocimiento está en la cabeza de cada persona y compartirlo implica hacer un trabajo dictando una clase, dando una conferencia, grabando un video, escribiendo algún artículo o un libro. No se ha inventado aún la manera de compartir el conocimiento de un cerebro a otro directamente. Entonces, quien quiera compartir conocimiento tiene dos opciones:

  1. Hacer el trabajo manual para compartir su propio conocimiento (escribir un articulo, grabar un video, etc.)
  2. Compartir el contenido generado por otras personas, siempre y cuando este contenido sea libre (documentacion, videos de youtube, libros gratis, etc), existe mucho contenido de ese tipo para compartirlo. Creen una web o una página en facebook y ponganse a curar contenido libre. En EDteam tengo tres personas dedicadas a la curación de contenidos, no ganamos dinero con eso, pero compartimos conocimiento con la comunidad.

Hace tiempo compré un nuevo disco para mi computadora y me ofrecieron instalarlo en la misma tienda. Me pareció una buena idea para no tener que hacerlo en casa así que acepté y me llevaron al servicio técnico. Ahí vi un tipo de mi edad, bien vestido, que acababa de comprar una computadora en la misma tienda. Un equipo gamer de grandes prestaciones al que el técnico le estaba instalando varios programas usando un keygen. Alcancé a reconocer Adobe CC y Autocad, pero había más que se veían de uso profesional. Cuando el técnico le devolvió su equipo, el hombre probó los programas y algunos no se ejecutaban (alguna validación de licencia probablemente), y muy enojado le reclamó al técnico que como era posible que no se abriera el AutoCad.

Vamos, no era un estudiante de arquitectura de veinte años con apenas dinero para el menú. Era una persona evidentemente profesional y que no ganaba poco. Pero no se le daba la gana de pagar sus licencias.