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Todos son ateos hasta que el avión empieza a caer

Crecí como crecen muchos niños, obligado a creer en una religión. Quiero enfatizar la palabra “obligado”; es decir, no conozco casos de niños que hayan creído en una religión por convicción propia, sin obligaciones. Es verdad que la labor de los padres es orientar al niño, hasta ahí de acuerdo, pero el problema con la religión es que se adoctrina en base a amenazas. Es decir, todo está dicho, escrito y planificado, y si dudas o cuestionas los veredictos de la religión eres un hereje o un pecador (o cosas peores). Entonces, cada vez que un niño hace una pregunta (válida) que pone en duda la religión que le fue impuesta se le recuerda el pecado que está cometiendo al dudar, se le recalca que debe aceptar y no cuestionar. Y así crece: adoctrinado, programado para no cuestionar. Y muy probablemente repita el ciclo, no solo no cuestionando ni analizando, sino también descalificando cualquier pregunta (o persona) que cuestione, que ponga en duda, que intente analizar.

Mi caso es similar. Muy tarde, pasados los 20 años, empecé a clarificar todo y entendí que la religión no es más que una gran empresa multinacional que vive a expensas de que creas ciegamente y no cuestiones. Que historicamente ha existido gracias a obligarte a creer y a castigarte si no crees. Poco a poco fui teniéndolo más claro: no hay ninguna razón ni científica ni racional que justifique creer en el dios bíblico (en el que me enseñaron a creer porque hay muchos dioses más, en diversas culturas). Las razones para la iglesia siempre fueron políticas, de poder y codicia (y para la población, de miedo y amenaza). De hecho, el requisito para practicar una religión es creer ciegamente. Y vamos, nadie con un poco de cordura debería creer ciegamente en algo (porque significa renunciar a pensar por ti mismo). Peor aún, si ese algo tiene demasiadas cosas de las cuales sospechar.

Seguramente me dirás que una cosa es la iglesia (institución) y otra la divinidad en la que la gente cree (Jehová, Jesús, etc.) Puede ser. El problema es que basta una mirada a la historia para entender que siempre han existido religiones en todas las culturas, así qué ¿cuál es el dios verdadero?. Religiones que ayudaban a explicar fenómenos que no entendían por falta de ciencia. Por ejemplo, por qué llueve o por qué ocurre un eclipse. Era más fácil inventarse que un ser superior los ocasionaba. Y de paso autoproclamarse interlocutor oficial de la divinidad. Es decir:

Tú, simple humano, no puedes comunicarte con la divinidad si no es a través de mí. Así que debes traerme ofrendas para que yo envíe tu mensaje.

Si no me crees basta con analizarlo: las religiones que han sobrevivido a la fecha lo han logrado con el uso de la fuerza y el poder político. Las demás se extinguieron. No tuvo nada que ver quien era el dios verdadero porque para cada cultura, el suyo es el dios verdadero y los demás son falsos.

Así que lo mío, y de muchos ateos, no es rebeldía. No pretendo rebelarme y decirle a dios: “Yo me rebelo contra tí”. No, simplemente tenemos la plena seguridad de que su existencia es un invento. Sin enojos, sin discusiones ni conflictos morales o éticos. El dios bíblico para mí está en el mismo plano que Goku, Spiderman, La bella durmiente, el ratón Mickey o Papanoel. Y, vamos, ¿quien esperaría que Gokú rescate un avión que está cayendo? Por la misma razón los ateos no nos volveriamos creyentes cuando el avión empiece a caer. Tendría más sentido esperar que Superman nos rescate.