Gracias Seteve

Sí, el título se refiere a Steve Jobs y sí, la imagen de arriba es de Angry Birds. Más de uno se preguntará qué tienen que ver una cosa con la otra (no estoy tan desinformado como otros, por si acaso). Paso a explicarlo:

Ayer he adquirido un Samsung Galaxy Pro (en los siguientes días escribiré un review). Este smartphone tiene la característica de combinar un teclado qwerty físico y una pantalla táctil (no multitáctil). Esta mañana le presté a mi hija el teléfono y para que se entretenga le puse Angry Birds. No tenía idea de si entendería o no el juego, pero para su edad (menos de 4 años) hacer algunos movimientos, combinados con el sonido y las imágenes la podría distraer. Sin embargo, bastó una demostración y ella ya jugaba sola. Pero no solo eso, sino que captó cosas como la inclinación o la fuerza del lanzamiento. Después aprendió por sí sola a cambiar de área escogiéndola entre los números que aparecían. Al poco rato derribaba las estructuras y podía cambiar de escenario o repetir el mismo sin problemas. Y me fue inevitable pensar en dos cosas:

La primera es que los nativos digitales toman este tipo de tecnología como algo absolutamente cotidiano, pulsar y arrastrar usando los dedos en una pantalla no conlleva mayor sorpresa como a nuestra generación. Para nosotros, la sensación de que algo mágico sucede es inevitable. Para ellos es rutinario: el cambio de paradigma es gigantesco.

La segunda fue recordar a Steve Jobs y que lo que estaba viendo se lo debía también a él. A diferencia de los ingenieros (a quienes les encanta sentirse genios pero muchas veces son incapaces de ver lo obvio), Steve no pensaba que el usuario final es un torpe o que un excelente producto se arruina cuando llega al usuario final o que este debe saber leer código, programar, leer manuales de cientos de páginas, etc (como sería el mundo ideal delinfeliz Richard Stallman). Steve centró todo el diseño en el usuario final. Desde el inicio: su obsesión era que sus productos sean intuitivos, que el usuario no necesite un manual para empezar a usar el producto; que sean los ingenieros quienes aprendan a pensar en el usuario y no al revés. Desde que Steve comprendió que el mouse y el interfaz gráfico era el futuro de la computación; desde que Steve comprendió que las computadoras deberían estar en los hogares, a disposición de todo público y no solo en habitaciones llenas de ingenieros y estudiantes locos; desde entonces Steve se obsesionó en el usuario final. Y su meta más grande fue siempre crear un dispositivo completamente intuitivo de usar. Si en su momento usó un mouse en sus productos fue porque no encontró algo mejor (y probó incluso con paneles táctiles), pero sentía que el control debería ser directo y sencillo. Y ese concepto fue aplicado al iPod y sus famosos tres clics como máximo para acceder a cualquier canción. Luego al iPhone cuando Steve ordenó a sus ingenieros que diseñen un teléfono que tuviera solamente un botón (y ellos ponían todo tipo de razones para explicar que hacerlo era imposible, por suerte Steve no los escuchó). Los gestos en las pantallas táctiles, la intuitividad, esos iconos grandes que permiten que usemos los dedos y no molestos stylus y la increible experiencia de usuario final se la debemos a Steve. No a sus ingenieros. Porque Steve, sin ser ingeniero, comprendía que si quería que un diseño bello y un concepto genial se eche a perder, había que encomendárselo a ingenieros.

Hoy, una niña de tres años puede usar sin mayor problema un dispositivo táctil con un entrenamiento de 20 segundos. Así este dispositivo no sea de Apple, fue ahí donde nació el concepto y donde empezó una revolución que recién estamos empezando a ver. De ahora en adelante, las nuevas generaciones descubrirán un mundo que en gran medida le deben a la visión de Steve Jobs. Gracias Steve por darnos un mundo mejor y por enseñarnos que hay que creer en algo, en lo que sea, pero no dejar de creer nunca. Y por ayudarnos a comprender que la muerte es la mejor parte de la vida, porque es cuando se hace espacio para que lo nuevo desplace a lo viejo. Esperemos que nuestras nuevas generaciones estén a la altura.

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