De sueños, ladrones y educación

Cuando comencé a dar cursos por internet lo hice con la terquedad (que no se me ha quitado) de que nunca las ganancias serían mi principal objetivo, sino al contrario, que un contenido creado con minuciosidad, con rigurosa preparación podría destacarse de los competidores y que cada estudiante que pase por Escuela Digital quede convencido de que no encontraría un nivel de formación similar en ningún otro sitio. Porque, no es mejor profesor quien sabe más, sino quien enseña mejor. En mi caso, sé que hay varios que saben muchísimo más que yo de HTML, CSS o JavaScript. Y es que no compito con ellos ni jamás he dicho que soy quien sabe más. Pero creo (sin falsa modestia) que sí soy quien enseña mejor y eso me llena de orgullo. Y el resto de profesores que me acompañan en Escuela Digital comparten ese mismo principio y esa misma pasión por enseñar en detalle, por acompañar al estudiante desde sus primeros pasos hasta que consiga realizar su primer proyecto.

Ahora bien, hacer las cosas con ese nivel de detalle toma tiempo. Cada curso nos toma meses de preparación, además del tiempo que invierte el profesor durante las cuatro semanas del curso, preparando sus clases, los ejercicios, el proyecto final, respondiendo dudas, etc. Todo eso implica una inversión monetaria que debe verse recompensada en los ingresos generados por el curso. Y es que aunque hemos mejorado mucho, tampoco tenemos mil estudiantes por curso. Con lo cual nuestro margen de ganancias es pequeño, pero aún así trabajamos duro con el objetivo de que poco a poco más personas que lleguen a Escuela Digital queden convencidos de que es la mejor propuesta de educación online en español. Allá afuera lanzan cursos semanales, apurados, sin revisión de ningún tipo, repitiendo de paporreta lo mismo una y otra vez, con ejemplos de copiar y pegar código, sin una secuencia temática correcta, sin el más mínimo criterio pedagógico, solo guiados por estados contables. Lo peor, con gente que puede saber mucho pero que tiene nula experiencia docente. Y es que saber y saber enseñar no es lo mismo. ¿Cuándo vamos tener clara la diferencia?

En resumen, no nos estamos haciendo millonarios, casi el 100% de nuestros ingresos es reinvertido para seguir mejorando y creciendo. Con lo cual, el hecho de que sitios de pirateria roben nuestros cursos es de las cosas más despreciables que he visto. Y no me refiero a quienes descargan los cursos que en última instancia quizas no tengan el dinero o quizas no quieran pagar o sabe dios que razón tendrán. Sino a quienes crean un sitio destinado única y exclusivamente a robar, y que lo disfrazan con la excusa de compartir. Pues se comparte lo que es de uno. Si lo haces con el trabajo ajeno no es compartir, es robar. De hecho, en el canal de YouTube de Escuela Digital tenemos más de 250 tutoriales gratuitos. Eso es compartir. Horas de trabajo preparando los videos, grabándolos, editándolos, subiéndolos. Tomar el trabajo de otra persona y ganar dinero por eso no es compartir, es robar y como mínimo debería tener carcel. Igual que cualquier ladrón de la calle.

Hoy, a primera hora de la mañana, recibí un nuevo mensaje informándome de un otro caso de piratería. Me entristecí. Me entristecí mucho y me quedé con la cabeza entre las manos varios minutos sin saber qué hacer, con la impotencia que se siente cuando sales de cobrar tu salario y un truhán te lo arrebata a punta de cuchillo. Me aconsejan que me asesore con abogados pero entre el robo y lo que se gaste en abogados terminaríamos desangrándonos. Y muy posiblemente para nada. Y con la frustración de no saber qué hacer cancelé todos los enlaces de descarga de la plataforma de cursos (a pesar que siempre había dicho que no haría pagar a justos por pecadores). Y estuve a punto de eliminar los descuentos para Venezuela. Luego un tuit sobre la crisis en Venezuela me hizo sentir una culpa enorme y no eliminé nada. Luego me llegó un correo de alguien que me decía que estaba juntando para comprar un curso y ya le faltaba poco. Y yo pensando que si tuviera el dinero suficiente regalaría los cursos y que la gente aprenda y sea feliz. Al final restauré los enlaces de descarga sintiéndome inmensamente culpable de haber caído tan bajo por dos minutos (tiempo que los enlaces estuvieron desactivados). Pues aún sigo creyendo que la educación puede transformar vidas. El muchacho lleno de sueños que junta el dinero para pagar un curso y debe descargarlo desde un internet público porque no tiene conexion en casa no tiene la culpa de que haya gente malvada robándonos. El tiene sueños (como yo los tuve hace 20 años) y quiere cumplirlos y debo ayudar en lo que pueda a que los cumpla (ese es otro motivo por el que no cobramos suscripciones, aprender un curso no toma un mes, y hay quienes no podrian pagar más de un mes).

Hoy fui al gimnasio, me subí a la trotadora, levanté pesas, hice fierros y me liberé de ese estrés y esa rabia contenida que he tenido estos días. De esa impotencia de preguntarte: "¿para qué carajo estoy haciendo esto?". Más tranquilo me he sentado a escribir este artículo. Para reforzar mis ideales de que una educación de calidad (no solo en tecnología) puede cambiar vidas. No me importa Silicon Valley, ni inversionistas, ni vender Escuela Digital a una gran empresa, ni nada con lo que sueña el resto. Mi sueño es que más gente pueda acceder a educación de calidad (gratis o pagada) y ayudarlos a cumplir sus sueños. Y dejarle a las nuevas generaciones (y a mis hijos) un mundo mejor. Y para allá vamos, a suicidarnos en el barranco de un sueño alocado en el que pocos creen. 

¿Nos acompañan?