Tus derechos. Mis derechos

Como personas, nuestros derechos nos garantizan la vida en libertad. Tenemos derecho a decidir nuestro futuro; a expresarnos libremente, a no ser discriminados ni perseguidos, entre otras cosas. Sin embargo, todos tenemos los mismos derechos y cuando estos se cruzan pueden originarse conflictos.

Me explico. Hoy me levanté con un ruido infernal, como el de un terremoto. Mi hijo (de menos de año y medio) empezó a llorar y la casa se volvió inhabitable. Sucede que en la casa de al lado están rompiendo paredes con un martillo neumático cuyo ruido nos taladra hasta el fondo del cráneo. Los trabajadores dicen que tienen el permiso (no sé de quien) y que les disculpemos pero tienen que trabajar. Y es cierto, deben trabajar, deben llevar el sustento a su familia. Pero ¿y mi derecho a trabajar (trabajo desde casa y es imposible con esa bulla)? ¿dónde queda mi derecho a la tranquilidad? Debo dejar de trabajar para que ellos lo puedan hacer. Debo sufrir otro ataque de migraña para que ellos trabajen. Mi hijo pequeño no puede ni conciliar el sueño por el derecho a estos señores.

Situaciones similares ocurren todos los días. Como el taxista que se estaciona en plena calle y obstruye el tráfico por su derecho a trabajar (pero atentando contra nuestro derecho a transitar libremente); la persona que sube a los carros a vender a gritos (nuevamente por su derecho a trabajar pero violando nuestro derecho a la tranquilidad); los que hacen su fiesta de cumpleaños en la pista (bloqueándola con un toldo), y así muchos más.

El caso es que es imprescindible hacer que nuestros derechos convivan con los de los demás. Dejar egoísmos y al menos, en las cosas básicas, interesarse por el otro. Muchos conflictos se evitarían y viviríamos con menos estrés, con mejor ánimo y optimismo.

En este momento, mientras escribo este artículo, siento el maldito taladro reventándome el cerebro (desde las 8 de la mañana y ya son las 4 de la tarde) y me dan ganas de olvidar los modales y agarrar a pedradas a esos trabajadores. Sí, es exagerado y no lo voy a hacer. Pero no esperes los mejores modales si piensas solo en tus derechos y pisoteas los de los demás.