Círculo de influencia y círculo de preocupación

Con el ritmo vertiginoso de vida que llevamos actualmente, vivir estresado es casi una constante para todo. Incluso, desde hace unos años, el estrés ha empezado a ser cotidiano en escolares (desde niños) debido a la alta carga de labores que les dejan en la escuela (de las que un 95% no les sirve para nada en el presente ni les servirá jamás en el futuro).

Existen muchas formas de lidiar con el estrés: gestionar correctamente nuestros asuntos, aprender a decir que no, crear un equilibrio entre los distintos roles de nuestra vida, etc. Sin embargo, todas ellas entran en el campo de la gestión (de organizarse, de hacer las cosas) y no en el campo del liderazgo, que es de donde nacen la planificación y la ejecución. Una de las formas más efectivas que conozco de lidiar con el estrés (y que entra en el liderazgo) es diferenciar el círculo de la preocupación del círculo de la influencia.

El círculo de preocupación engloba todas las cosas que nos preocupan: desde el hambre mundial, el clima, la presentación de un nuevo proyecto, la tapa del inodoro que alguien dejó levantada, o la comida que tiene mucha sal. La mayoría de personas tienen cosas así de dispares y amplias en su círculo de preocupación: les preocupan los temas enormes, los medianos, los pequeños o los que ni siquiera tienen relación con ellos. Preocuparse por ciertos temas no está mal de ningún modo, el problema ocurre cuando hay una gran distancia con el círculo de influencia.

El círculo de influencia engloba todas las cosas sobre las que podemos influir; es decir, todo sobre lo que podemos hacer algo para modificarlo. Por ejemplo, la conducta de mis hijos está dentro del círculo de influencia. También mi desempeño laboral, la relación con mis colegas y mi esposa. Todos forman parte de las cosas sobre las que realmente puedo hacer algo. 

Tanto el círculo de preocupación como el de influencia pueden crecer o reducirse. Si ampliamos nuestro círculo de preocupación mientras reducimos el de influencia nuestra vida será un caos que no se lo deseo a nadie. Por ejemplo, la conducta de mis hijos originalmente está dentro de mi círculo de influencia; pero si no construyo una buena relación con ellos ni los educo con el ejemplo y sin violencia terminaré por perder mi influencia sobre ellos; su conducta dejará de formar parte de mi círculo de influencia y se trasladará al de preocupación. El primer círculo se habrá reducido y el segundo se habrá ampliado. Y así viven muchos padres, desesperados porque perdieron influencia sobre sus hijos.

Lo ideal es que nuestro círculo de influencia crezca mientras el de preocupación se reduce. Por ejemplo, formar una relación sólida y de largo plazo con los hijos desde pequeños aumenta nuestro círculo de influencia sobre ellos y nos dejará preparados para las etapas difíciles de la adolescencia; que es cuando escuchan menos y se vuelven rebeldes. Así tendremos hijos con mejor conducta, nuestro círculo de influencia estará en crecimiento constante y el preocupación se habrá reducido notablemente y podremos llevar una vida más plena.

Lamentablemente, la mayoría de personas vive ampliando su círculo de preocupación; haciendo bilis por la forma en que les habló un compañero de trabajo o hirviendo de rabia si sus hijos no terminan la tarea. Definitivamente, esa no es una forma agradable de vivir.

Así que pregúntate: ¿vives ampliando tu círculo de preocupación o de influencia?, ¿cuántas cosas que te preocupan están fuera de tu influencia y no puedes hacer nada para cambiarlas? Deja de estresarte y enfoca todas tus energías en las cosas sobre las que realmente puedes hacer algo: tu salud, tu familia, tu desarrollo profesional.