¿En qué colegio pongo a mis hijos?

Este artículo llega un poco tarde puesto que las clases ya comenzaron y la mayoría (ojalá que todos) los padres ya tienen a sus hijos estudiando en algún centro educativo. Debí escribirlo antes pero me ganaron las programaciones curriculares, los silabos, las unidades didácticas y todas esas cosas locas que debemos saber los profesores.

Sin embargo, escoger el colegio adecuado para sus hijos no termina en el momento en el que matriculan a sus niños, sino que el proceso continúa constantemente. Y cuando digo que el proceso continua no me refiero a que cambien a sus hijos de colegio a cada bimestre, sino que con elegir la escuela y tramitar la matrícula no acaba lo que debemos exigirle al colegio. Es más, recién comienza.

1. El mayor error de los padres es creer que es el colegio quien debe encargarse de entregarles unos niños (o adolescentes) modelos y desquitarse con el colegio todo lo que como padres no pudieron lograr. Padres: el colegio no es la casa, sus errores como padres no se los pueden achacar a la escuela.

Ahora bien, desde ningún punto de vista estoy sugiriendo la imagen de un colegio que se lava las manos y deja todo el aspecto formativo a los padres (aunque, padres, créanme, existen muchísimos colegíos que sí hacen eso y por ningún motivo deberían matricular a sus hijos en esos lugares), sino que la formación de los estudiantes es tarea compartida de la casa y la escuela. La formación correcta que los padres le dan a sus hijos puede arruinarse en el colegio si este no maneja los aspectos de valores y pirncipios. Y al revés, la formación, el afecto y el compañerismo que la escuela pretenda influir en el estudiante puede arruinarse con una familia disfuncional o poco comunicativa.

2. Por tanto, la única forma de que la educación de nuestros hijos lleve a resultados óptimos la familia y la escuela deben trabajar unidos y apoyarse mutuamente. Nuestros hijos pasan la mitad de su vida en las escuelas (directamente en aula, indirectamente con los amigos que conocieron ahí) y la otra mitad en casa. Su formación depende de que ambas estructuras manejen el mismo lenguaje, los mismos criterios y los mismos principios morales.

¿Qué aspectos debo, como padre, tener en cuenta para escoger un colegio para mis hijos?

Hay muchos aspectos que tener en cuenta, pero se pueden resumir en dos grandes grupos: calidad de educación y sólidos principios éticos y morales.

1. Calidad de educación


La calidad de la educación es fundamental pues los conocimientos que nuestros hijos adquieran en la escuela serán los que les permitan desarrollarse por sí mismos en la vida. La universidad no hará más que volverlos profesionales, pero los conocimientos necesarios para encontrar su verdadera vocación los adquirirán en el colegio. A mi criterio personal, la calidad de la educación que el colegio brinda se observa en los siguientes factores:

  1. Infraestructura. No quiero decir que debamos buscar el colegio con mejor infraestructura (que sí pueden pagarlo, sería excelente) sino que el interés que el colegio pone en su infraestructura demuestra que tan comprometidos están con la calidad educativa. Puede ser un colegio pequeño pero: ¿pintan las paredes o las dejan descascararse?, ¿se procupan por la limpieza de los ambientes? Pidan que les permitan ver las instalaciones, que le dejen pasearse a su gusto, ¿existen demasiadas carpetas en los salones?, ¿las escaleras son estrechas?, ¿hay solo una vía de escape por piso?, ¿los baños son amplios?, ¿suficientemente amplios para todos los alumnos que estudiarán en ese plantel?
  2. Material didáctico. ¿El colegio le dice que ellos le entregan sus propias guías preparadas por un grupo de docentes altamente calificados? Inmediatamente desconfíe de ese colegio. Los colegios no tienen ningún personal capacitado realmente para el manejo de guías, la mayoría de ellas son copias de Internet o de otros colegios. En el colegio Ingeniería el dueño, William Liceta, les decía a sus profesores: he comprados los CDs con las guías de Pitagoras y Pamer, si se puede modifcar algo, háganlo y de ahí obtenemos nuestras guías. Pero si aún así no me cree, pida que le muestren las guías, mire si tienen ISBN, depósito de ley, el nombre y apellido de los autores (como la ley exige para todo libro publicado) o si están aprobados por el Ministerio de Educación. Si no los tiene, está frente a una burda improvisación por la que usted paga y no beneficia a sus hijos.
  3. Primeros puestos a exámenes de admisión o gran número de estudiantes. En nuestro país se ha mitificado la imagen del alumno que ingresa a la universidad como la del genio que duerme dos horas diarias y que renuncia a todos los aspectos de una vida normal para su ingreso. ¡Hablan del ingreso como si se tratará de una medalla olímpica! ¿De veras creen que las universidades se empeñan en crear exámenes de admisión que solo los nuevos Einstein puedan resolver?, todo lo contrario, se buscan las aptitudes y conocimientos básicos que se asume que debe tener un estudiante egresado de la secundaria. La universidad de San Marcos acaba de pronunciarse (ya lo ha hecho antes, y muchas veces) en su boletín informativo en contra de las academias preuniversitarias y de los colegios que promocionan el ingreso a la universidad o los primeros puestos como signo de calidad educativa. Este tipo de colegios deja de lado cursos como Arte o Educación física porque "no preguntan esos temas en los exámenes de admisión". O sea, ¿11 años de estudios van dirigidos solamente a un examen que dura tres horas? ¿No le parece ridículo y hasta insultante?

2. Valores y ética


O como le decimos los docentes: El aspecto formativo. Un colegio que solo mecanice a sus alumnos en la búsqueda de conocimientos no aporta nada a un adolescente o niño que necesita formarse como persona. Necesita buscar una autenticidad, necesita definir su personalidad, superar sus miedos, potencializar sus capacidades, encontrar la vocación que le permitirá elegir una carrera de la que vivirá orgulloso.

¿Alguna vez se ha preguntado que para que un alumno ingrese a la universidad es necesario que antes haya elegido su vocación?, ¿y se ha preguntado además que serie de procesos emocionales y de conocimientos hacen que un muchacho se decida por una carrera determinada? La elección de la vocación es más importante que el ingreso pues, ¿de qué sirve que el estudiante ingrese a la universidad si lo hace para tarde darse cuenta de que no era esa su vocación? ¿A quién echarle la culpa entonces? Obvio: a la escuela, porque se limitó a darle una charlita de orientación vocacional y no formar día a día año tras año las potencialidades y capacidades de los alumnos para que ellos mismos puedan definir su vocación. Pero, ¡cuidado!, no solo a la escuela, sino también de ustedes, los padres. Si la escuela no cumple correctamente su trabajo, una buena parte de culpa la tienen los padres que no visitaron constantemente el colegio, que no se informaron de las actividades, que no tuvieron una comunicación abierta con sus hijos y con los profesores de ellos.

3. Ya escogieron un colegio para sus hijos y las clases ya comenzaron. Pero muchos padres creen que comenzaron para sus hijos, no para ellos. Ellos ya gastaron en útiles, uniforme, matrícula y al inicio de clases se sienten algo aliviados. Es su derecho, el estrés previo es enorme. Pero, padres, la escuela acaba de comenzar para ustedes también. Conversen con sus hijos, visiten en lo posible el colegio. Pidan el correo electrónico a los profesores de sus hijos. Exijan que el colegio les dé información constante de las actividades de clases, los aciertos y errores de sus hijos y solo así la educación será integral. Recuerden que si padres y colegio no trabajan de la mano, la educación nunca conseguirá sus metas.

¿Y yo qué colegio recomiendo? Ninguno.

No quiero decir que no matriculen a sus hijos, ni que ningún colegio vale la pena, simplemente digo que no voy a promocionar a ningún colegio en particular por razones de ética y profesionalismo. Es más, ni siquiera promocionaré al colegio donde trabajo actualmente (y eso que trabajo en él porque me desmuestran que tienen los principios que yo espero de un colegio).

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