¿Aduni?

Nuestro amigo, Pablo Valencia, me envío hace un buen tiempo un enlace a un artículo suyo sobre la academia Aduni. Debo decir que lo leí al instante y al terminar tenía claro que merecía, como mínimo, el rebote por acá. Sin embargo, estos días he andado con el mundo de cabeza y recién puedo darme un tiempo para hacerle justicia.

Yo pasé por Aduni allá por el año 1997 (sí, me estoy haciendo viejo, ya lo sé). Estuve un par de meses antes en un curso para escolares, pero el ciclo fue cerrado por falta de alumnado. Así que volví luego de acabar mi secundaria y estuve allí un semestre. Bueno, no exactamente en Aduni, sino en la academia César Vallejo, que prepara estudiantes para el examen de la UNI (creo que ya he comentado que de muchacho quería ser ingeniero electrónico). Y no duré mucho porque, como la novia a punto de casarse con el hombre adinerado que no ama y se debate entre fugarse con el misio y arrancado que la tiene loca, yo dudaba todos los días si continuar con mi aventura electrónica o lanzarme a la piscina vacía de la literatura. Pero esa es otra historia, el caso es que tuve una corta temporada en Aduni.

Ahí aprendí tres cosas: Primera, las matemáticas me encantan (hasta hoy). Segunda, cualquiera no enseña en Vallejo (aunque creo que en Aduni sí). Tercera, todos ahí están mal de la cabeza (algunos venían a dictar desaseados y mal vestidos) y solo vale escucharlos cuando te explican como resolver un problema.

En aquellos tiempos, el examen de la UNI tenía tres fases (como hoy, pero un tanto distintas): uno de Física y Química, el segundo de Aritmética y Álgebra y el tercero de Geometría y Trigonometría. No existían preguntas de letras o humanidades, más que unas cuantas de cultura general en el primer examen. Así que en la academia no existían cursos como Historia del Peru, Lenguaje o Geografía (por citar algunos), sino que la cultura general nos la dejaban como tarea pendiente.

Pero a medio camino el examen cambió y nos vimos en el aula con profesores de Historia, Economía o Literatura. Y para nosotros, una tira de nerds antisociales que solo sabíamos dibujar ecuaciones en papel bulqui, esos profesores eran una especie desconocida, hasta inferior quizás (la creencia tonta de endiosar a las matemáticas). Pero no solo fue el cambio de que ingresen nuevos cursos a nuestro horario, sino de que ingrese el odio. Si, sonará extraño, pero es eso, sin más ni más: odio.

En la Edad Antigua la sociedad era esclavista. Un zángano miserable explotaba a un trabajador y comía de su trabajo. El profesor dibujaba, con palitos y círculos, como hacen los niños, un individuo gordo en la pizarra y a su lado uno flaco y agazapado. Luego continuaba. Este, señalando al gordo, es el zángano que merece que el trabajador lo mate por miserable. Y así era siempre, si era Egipto, el zángano, que si Grecia, que si la Edad Media, que la Revolución Industrial. Siempre había zánganos que merecían morir. Y por la forma en que el profesor lo decía (ahora dudo de que de verdad haya sido un profesor ese tipo), y los gestos y los dientes apretados, parecía que el estaba ansioso por ser él quien jale el gatillo contra los "zánganos".

Y así siempre. Encuentre el sujeto en la siguiente oración: "Cansado de la explotación del estado capitalista, el pueblo indignado sale a la calle a la lucha popular". "La hoz y el martillo es un símbolo de los trabajadores" (sic). La magia se rompía cuando hasta los profesores de matemáticas se subían al coche de la basurita y la frustración: "Un ejemplo de los triángulos son las pirámides, en Egipto los trabajadores fueron explotados por miserables que solo querían riquezas, zánganos que vivían del trabajo del pueblo". Y si añado, que los cursos no científicos duraban unas dos horas a la semana (poquísimo comparado con el total de horas semanales), imagínense que carga de odio y de frustraciones personales de dizque profesores que tienen que soportar los muchachos que estudian en Aduni.

He conocido profesores que han pasado, bien por la academia Aduni, bien por la academia César Vallejo y las anécdotas tienen los mismos puntos en común: las reuniones de plana se desarrollan entre el menosprecio, el adoctrinamiento obligatorio y la mecanización para que los profesores recién llegados, por instinto, puedan desfogar frustraciones sociales, que ni siquiera son suyas, sino impuestas por energúmenos de poca cultura, anexándolas con cualquier tema por más inconexo que parezca.

Sino, ¿por qué los profesores de esas academias no tienen nombres sino códigos?, nunca lo supe, pero la especulación más frecuente (y bastante razonable) es que ocultan sus nombres porque muchos de sus discursos pueden traerles problemas. Es más, he sabido de casos en que algunos alumnos retan al dispersor de odio que tienen al frente a que les diga su nombre y este olvida su discurso altanero y furioso para volverse una especie tímida y apabullada que desvía la atención y huye cada vez que alguien le pregunta su nombre real para saber quién está detrás de ideas violentistas.

Y si eso fuera poco, estos "profesores" se enorgullecen de ser quienes expulsan al mundo a los sanmarquinos delincuentes (ojo que estoy hablando de un grupo de sanmarquinos y no generalizando a los estudiantes de San Marcos). Así de increíble: esos pandilleros que se enfrentan a pedradas a la policía, que atacan propiedad privada (de los vecinos), que insultan a quienes, en su completo derecho, deciden no ser parte de su protesta, que tumban muros y luego se quejan de que su universidad no tiene muros (!), que nunca terminan la carrera porque año tras año su objetivo es uno solo: captar ingresantes para usarlos como carne de cañón. Ellos son de Aduni. Bueno, no me consta (aunque tiene lógica), solo me remito a lo que los mismos profesores dicen con orgullo.

Lamentablemente nuestro sistema educativo está tan mal estructurado que se hace improbable (no imposible) que un estudiante ingrese a la universidad sin pasar previamente por una academia. Y por una serie de factores que no demuestran para nada la utilidad de las academias. Uno de los principales problemas es el bajo nivel educativo en los colegios. Otro es la irresponsabilidad de los escolares. Esos dos factores sumados (de los que ya he hablado hasta el cansancio) hacen que los muchachos vean en las academias su túnel hacia la luz.

Si no les queda otra que ir a Aduni (qué sé yo por qué), recuerden que están pagando por educación, no por discursos estúpidos disfrazados de conciencia social. El odio no nos lleva a ningún lugar sano. Tenemos niños muriendo de frio en cada invierno (y el Estado no hace nada), graves problemas ecológicos (contaminación de ríos, nevados desapareciendo, especies en extinción, deforestación, etc.), crisis educativa y laboral. La enumeración es larga, pero a lo que quiero llegar es a que el pais necesita profesionales, jóvenes que terminen su carrera, que investiguen, que descubran soluciones para nuestros problemas. Si bien es cierto que el futuro del país está en los niños, es un futuro a largo plazo. El futuro más inmediato está en las universidades y es triste que por instituciones como Aduni, éstas terminen convirtiéndose en nidos de odios viscerales.

Si van o no a Aduni al final es decisión de cada uno. Pero hay que estar atento y no dejarse engatuzar porque el que tengamos al frente quiera jugar al culto para justificar sus iras. En ese caso Aduni no sería el túnel que los lleve hacia la luz, sino una cueva oscura que los regrese a la edad de piedra.

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